martes, 28 de agosto de 2012

El comensal





París, la perfumada y romántica ciudad que todos observan como si fuera una postal llena de encantos, un lugar donde los sueños se cumplen mientras que las furcias de los locales más chabacanos intentan ganarse la vida, las mismas que llegaran a la ciudad inspiradas en las leyendas de actores y cantantes que melodramáticamente se quitaban la vida por un amor fugaz. El amor, las estrellas, una copa de vino y la triunfal Torre Eifel. Era el lugar donde el mundo era dominado por una pandilla de bobos lunáticos que creían que cocinar con mantequilla les hacía ser increíbles, pero sólo eran estúpidos adictos a una comida grasienta y robada de un sinfín de países.

Aún así reconozco que en otras épocas lo amé, pero ahora desecho de obsoletas naves, rascacielos derruido, una nube de polvo contaminante por los fragantes Campos Elíseos por no decir que sus restaurantes más afamados son un campo de ratas y cucarachas inmunes a cualquier veneno. Pero, como ven no hablo del París actual de este siglo de idiotas que lloran por un trozo de cielo sin contaminación, sino por aquel en el cual juré amor a cinco chicas en cada esquina.

Recuerdo como caminaba por sus calles apoyado en un bastón negro con cabeza de caballo plateada. Mis ojos de tonos azul pavo real y violetas jugueteaban con los lirios, claveles y azucenas de los balcones de dulces bombones franceses, portugueses o españoles. No importaba si eran nacidas en Francia o si eran hijas de otra patria. Jugaba con mi encanto, el de un demonio.

Aquel día realizaría el trato más influyente hasta ahora visto. Me ganaría al país y lo dejaría metido en mi bolsillo. Las fechas no las recuerdo bien, pero la cocina creativa aún no había comenzado. Todos estaban con los ojos puestos en países diversos aunque Francia siempre fue referente de un sabor especial.

-Bonsoir monsieur.

Escuché de los labios carnosos de una mujer que salía de un pequeño local de comidas, los restaurantes aún no habían sido inventados y me proponía sacar cierto partido a este hecho. Nosotros los demonios teníamos cierto instinto para el negocio, sobre todo para el negocio que tenía que ver con el alma.

-Bonsoir madam.

Respondí descubriendo mi espesa cabellera cubierta por bucles dorados, sonreí mostrando mi perfecta dentadura y entré en el local.

La iluminación era débil, pues atardecía y las velas no habían sido encendidas del todo. Tomé asiento en una de las mesas con la mantelería aún en buen estado. Acomodé mi servilleta y esperé al camarero, el cual corrió desde una de las esquinas del local quedando frente a mi.

-Bonsoir monsieur.

Sus ojos pardos destelleaban con la ambición de un nuevo servicio, mi traje extremadamente caro y mis andares de gato refinado, le habían hecho pensar que era un buen cliente y debía esmerarse con su cortesía y por supuesto con su presencia y diligencia.

-Bonsoir.

Respondí en un tono quedo aunque áspero.

-Je peux vous aider?

¿Ayudarme? ¿Él? ¿Bromeaba? No deseaba a un estúpido con aspecto de desnutrido aunque con una voraz hambruna, pero no de las sobras que solía devorar en la cocina sino de ambición.

-Oui, votre patron peut venir? s'il vous plaît.

Deseaba a su jefe en mi presencia, el negocio que tenía entre manos revolucionaría el mundo y nos haría ganar beneficios.

-Pourquoi?

Dijo algo alterado, quizás pensando que algo en él me había importunado. No daba mucha importancia a meros sirvientes, deseaba conocer al hombre que me haría ser más popular en Hell-X. Mi amado planeta, mi dulce y amado planeta, donde era un Marqués o Duque a ojos de otros que me admiraban, aunque los Príncipes tenían unos cargos mucho más poderosos.

-Pardon, Quelque chose ne va pas?

Un hombre opulento de ojos pequeños y negros se presentó ante nosotros, tenía barba de varios días y su aspecto era más que descuidado. Era el dueño, el cual tenía una imagen que cuidar si deseaba ser el magnífico chef que pensaba sacar de aquel enorme y orondo diamante en bruto.

Esbocé mi mejor sonrisa y estiré mi mano presentándome. Comencé con mi don de gentes, seguí con la idea revolucionaria e inyecté en él la ambición necesaria. Tanto su camarero, el único en todo el local, como él mismo estaban maravillados.

De este modo el alma de los humanos quedó entredicha, la comida nutre no sólo al cuerpo sino al espíritu, si provocas que la gula se cebe en ellos y las energías negativas corran libres hacia las grandes y pesadas piedras, aquellas que unen nuestros dos planetas y nutre a nuestros bosques, selvas y a nosotros mismos, tenemos como resultado el mejor ingrediente en el mundo humano.

Pronto los restaurantes proliferaron en toda Francia, después de varios siglos minaron el planeta y en estos momentos es posible que algún idiota esté entrando en uno de los centros del placer y el espectáculo. Pues la cocina es un circo, el mundo del espectáculo va más allá de cabareteras ebrias guiñándote un ojo. 




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El comensal, Marbas, siempre ha disfrutado exponiendo la verdad a todo aquel que se lo ha pedido pero también ha mostrado la verdad, la irrefutable verdad, a los que ambicionaban cierto poder. Es un demonio que carece de escrúpulos y prácticamente de sentimientos. Sabe camuflarse entre los hombres y sonreír como si fuera un ángel, pero en realidad es una manzana podrida.

El texto ha sido realizado por el Administrador Caim para promoción de nuestro magnífico lugar de ocio. 

Como datos curiosos:

El primer restaurante se dio en París, Francia.
La cocina francesa en realidad es pobre, ha robado muchísimo a otras culturas gastronómicas como es España y ha difundido rumores sobre el aceite de oliva, pues ellos cocinan prácticamente todo con mantequilla y deseaban ofrecerse como mejores cocineros. El aceite de oliva no es sólo más sano sino que engorda menos y es mucho más natural usarlo.

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-BeyondHellRPG-

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